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Shungit el mineral que protege de los campos electromagnéticos

La shungit o shungita es una piedra negra y ligera compuesta esencialmente de carbono orgánico (más del 98%). Proviene de un depósito cerca de la aldea de Shunga, en la región de Carelia (Rusia) y es conocida por sus múltiples propiedades.

La shungit neutraliza parte de los campos electromagnéticos producidos por los aparatos eléctricos que nos rodean, actuando como un escudo, y de esta forma también ayuda a fortalecer y estabilizar la energía corporal. Se usa para la limpieza y protección, para descargar y limpiar el cuerpo de electricidad estática.

También se han visto beneficios en el tratamiento del agua gracias a sus propiedades antibacterianas. Favorece la purificación del agua y el saneamiento de la tierra de residuos químicos actuando como abono gracias a su contenido en oligoelementos.

La Shungita interviene en todo aquello que no funciona de forma correcta y reactiva nuestra propia inteligencia celular, activando así nuestras propias fuerzas de autosanación, para reprogramarnos celularmente y encontremos nuestro equilibrio, necesario para la salud física, mental y emocional.

Es un mineral que puede manchar y suele llevar una capa de polvo por eso antes de utilizarla es preferible lavarla con un poco de agua.

¿Cómo se limpia y recarga la Shungit?

Hay varias maneras de hacerlo:

  • Dejar la pieza unos diez segundos bajo el agua y dejar que se seque bien.
  • Si tiene alguna parte de algún metal es preferible poner la pieza sobre tierra o una maceta  la noche de luna llena y dejarla que le dé el sol hasta el medio día.
  • Y después se pasa por algún sahumerio o incienso para recargarla con el elemento aire.
  • Recuerda que sólo puede ser tocada la pieza por la persona a la cual pertenece.

Tienes varias opciones para usarlo en el apartado Shungit, puedes encontrar colgantes, protectores para el móvil, llaveros,…

 

 

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Luna menguante de noviembre

La luna menguante de noviembre comenzará el miércoles 16 a las 14.27h en España. Ingresamos a la fase menguante de la lunación escorpiana y nos acercamos al renacer desde las cenizas que anuncia Sagitario. Después de dos eclipses el cansancio es palpable y necesitamos descanso.

Estos días serán ideales para recuperar energía, divertirnos y reconectar con aquello que nos apasiona y conmueve. Sentimos en el aire un aroma diferente. Y a pesar de que queda mucho por enfrentar y resolver, podemos relajarnos, quizá los mensajes ocultos se manifiesten en sueños o en señales sincrónicas.

A guardar cada cosa en su lugar. Esta Luna ordena, limpia y prioriza desde lo más pequeño hasta lo más grande. Después de tantas sacudidas, recomiendo volver al mundo terrenal, observar el entorno, revisar nuestra rutina y analizar nuestro estado físico, mental y emocional.

Volvemos a levantar cabeza, enderezándonos de a poco. Estos necesarios días de trabajo que ayudan a nuestro bienestar, cuentan además con la novedad del ingreso de Mercurio y Venus en Sagitario. Nos llenamos de optimismo progresivamente.

En torno a la noche del 17 al 18 de noviembre, tendrá lugar una lluvia de meteoros de las más sustanciosas e impresionantes de todo el otoño. Se trata de las Leónidas, una «lluvia de estrellas» veloces  y especialmente brillantes originada por el cometa Tempel-Tuttle que se originará durante la fase de cuarto menguante que iniciará el 16 de noviembre.

La fase de luna menguante es ideal para hacer rituales o cosas en dónde se necesite menguar, reducir, cortar o terminar. Y momento propicio para hacer reflexión hacia nuestro interior, de quietud, de no tomar decisiones ni de iniciar proyectos.

Es un tiempo de depurar, de limpiar, de organizar y de preparar el terreno para que se encuentre con buena energía en la próxima etapa que es la luna nueva.

Es un fin de ciclo, un tiempo de cierre y, al mismo tiempo, de alistarnos para un nuevo cúmulo de experiencias. Los proyectos que están andando deben ser concluidos; de lo contrario, tienen riesgo a dispersarse.

Durante la Luna menguante tenemos menos vitalidad, menos energía para encarar las cosas. Por eso es importante limpiarnos de los malos hábitos y las actitudes que nos limitan.

Se recomienda hacer limpieza de todo lo que nos estorba, nos ocupa espacio y tiempo, de alejar a personas que no nos aportan y de cerrar ciclos. Así como limpiar nuestro hogar y nuestro cuerpo para dejar nuestro templo con energía en vibración alta.

RITUALES PARA LUNA MENGUANTE

Comencemos por hacer limpieza de armarios tanto de ropa como alimentos, papeles,… Sacar todo aquello que es viejo, no sirve, está roto para poderlo reemplazar con cosas nuevas.

Ritual para la abundancia :

Disolvemos 3 puñados de sal gruesa (también puede ser rosada) en un litro de agua. Con esta preparación vamos limpiar las superficies sobre las que trabajamos y en las que realizamos actividades con frecuencia (la mesa de trabajo, la encimera de la cocina,…).

Después rociamos este líquido en todos y cada uno de los rincones de la casa, prestando atención de hacerlo bien atrás de las puertas e, incluso, si está bloqueado por algún mueble es importante moverlo y pulverizar. ​

Si nos queda agua, la tiramos en tierra o en un lugar en el que pueda correr, como el baño o la cocina. ​

Finalmente, prendemos una vela amarilla y nos visualizamos rodeados de un aura dorada durante unos minutos. Para terminar, afirmamos «gracias, gracias, gracias». ​

Ritual para limpiar y renovar la energía:

​Para este ritual, vamos a preparar un altar con una vela blanca, una copa de agua y un sahumerio de limón.

En un papel blanco, escribimos todos los hábitos, miedos o costumbres que creemos que nos detienen a la hora de avanzar y todo lo que queremos conseguir, es decir, lo que queremos quitar de nuestra vida y lo que queremos que nos llegue. Colocamos el papel al lado de la vela. ​

Prendemos el sahumerio y la vela con una cerilla. Cerramos los ojos, nos visualizamos sacándonos de encima todo lo negativo y felices realizando todo lo que nos propusimos en el papel. Cuando terminamos la visualización afirmamos: «gracias, gracias, gracias».

Cuando la vela se apaga, quemamos el papel y tiramos el agua en tierra o en una maceta. ​